TALLER NACIONAL PROGRESISTA

El 14 de septiembre se llevará a cabo un taller nacional progresista con la idea de debatir la participación del progresismo en la propuesta de integración con el partido Verde y con el movimiento Compromiso Ciudadano, entre otros grupos y sectores.
En la página central de Progresista (http://www.progresistas.co/) encontrarán información complementaria.
El día anterior, jueves 13, se reunirán los jóvenes para analizar su situación dentro del progresismo, y para acercar posiciones sobre el que hacer en estas circunstancias.

PROGRESISTAS

Primer Movimiento Político
de construcción colectiva del siglo XXI

¿QUÉ ES SER PROGRESISTA?

ALGUNOS LO DEFINEN COMO UNA ACTITUD, Y TIENEN RAZÓN. OTROS LO ENTIENDEN COMO UNA CONCEPCIÓN DEL ESTADO, Y TAMBIÉN TIENEN RAZÓN. PERO LOS QUE PERTENECEMOS AL MOVIMIENTO NACIONAL PROGRESISTA SABEMOS QUE ES UNA PROPUESTA POLÍTICA ALTERNATIVA, CUYA DEFINICIÓN ESTÁ EN CONSTRUCCIÓN Y CUYA ORGANIZACIÓN ESTÁ EN PROCESO, Y QUE HA HECHO PRESENCIA EN LA POLÍTICA NACIONAL DESDE HACE MUCHO TIEMPO. (Julián Mejía B.)

Al final del blog encontrarán una propuesta, escrita por Julián Mejía Botero, que de paso recoge otras propuestas y aporta construcciones colectivas hechas en Caldas, y sobre la que podemos seguir buscando consensos. Los invitamos a que la lean y opinen al respecto.

VÍDEO PROGRESISTAS CALDAS

18 de enero de 2014

Las instituciones democráticas

Por:  


Enrique Santos Molano

Los que no entiendan que sin el acatamiento de la voluntad popular no existe la democracia no entenderán nada de nada.
No me meto a discutir las razones que cada quien tenga para atacar o defender la gestión del alcalde Gustavo Petro; sin duda, todas respetabilísimas. Me llama la atención leer cómo los detractores del alcalde mayor repiten al unísono, como múltiples muñequitos de un ventrílocuo común, parigual estribillo. “Petro es honesto, pero malísimo alcalde”, dicen unos; “Las medidas del procurador fueron arbitrarias, pero qué mal alcalde es Petro”; “Hay que ponerle coto al desenfreno del procurador, pese a lo mal alcalde que es Petro”; “Petro nos dejó durante tres días la ciudad llena de basuras” (¿Y no se recuerdan que durante la alcaldía de Jaime Castro no fueron tres días sino un mes en que la ciudad estuvo inundada de basuras?); “Petro se va por mal alcalde”, afirma el procurador general y casi copresidente de la República, Alejandro Ordoñez. En fin, cuantos administran la opinión, desde las columnas de la prensa hasta los medios hablados y televisivos, desde Cecilia Orozco hasta Fernando Londoño, desde Lorenzo Madrigal hasta María Isabel Rueda, no se cansan de machacar el sonsonete “está lloviendo, pero qué mal alcalde es Petro”, “está haciendo sol, lástima que Petro sea tan mal alcalde”.

Hace unos días, una persona que estaba leyendo una noticia en EL TIEMPO me dijo con auténtica indignación: “Ese Petro tiene que irse. Qué tipo tan corrupto, doctor. ¿Sí vio todo lo que se robó de los petróleos?” “¿Cómo así? ¿Qué tiene que ver Petro con los petróleos?” “Mire usted, aquí lo dice el periódico”. Y me mostró la noticia, de la que él únicamente había leído el título, relacionada con el escándalo de la empresa “Petrotiger”.
No sé hasta dónde esas voces autorizadas que cuestionan en la prensa al alcalde Petro calen en la opinión común y silvestre, o la interpreten. Por las grandes manifestaciones que he visto en Bogotá, a partir del anuncio del procurador sobre la destitución e inhabilitación de Gustavo Petro, en protesta contra tal decisión y a favor de que el alcalde elegido por los ciudadanos se quede en su cargo (salvo que los propios ciudadanos quieran revocarlo), me parece, y lo digo con absoluto respeto, que las opiniones de los comentaristas van en contravía de lo que piensan la mayor parte de los ciudadanos. Puede que yo esté equivocado. Puede que las ciento sesenta mil personas que salieron a apoyar a Petro el viernes pasado tampoco interpreten la opinión general de la ciudad. La única manera de saberlo con certidumbre sería mediante el referendo revocatorio, en el que una mayoría de ciudadanos exprese su voluntad soberana y diga si quiere que Petro se quede o que se vaya.
El presidente de la República dijo unas semanas atrás que el alcalde Petro tiene el derecho de defenderse utilizando todos los recursos legales que estén a su alcance. Y es lo que ha hecho el alcalde, aunque a sus críticos les moleste y consideren que la defensa de Petro es un acto de rebelión contra las instituciones, como lo ha sostenido el procurador (y lo repiten en coro los comentaristas).
Quizá no sobre una breve, necesariamente breve, reflexión sobre las instituciones democráticas. En un régimen democrático (“gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo”, en definición de Abraham Lincoln) hay instituciones fundamentales y hay instituciones secundarias. No se las puede revolver en un mismo canasto, ni ponerlas en un pie de igualdad.
La Institución fundamental de un régimen democrático es la soberanía popular, la opinión pública, que se muestra, en primer lugar, por las elecciones generales o locales, es decir, que sienta su voluntad por medio de las urnas, voluntad no susceptible de ser contrariada, ni violentada por ningún funcionario, menos aún si se trata de un funcionario que no ha llegado a su cargo por elección popular. Y en segundo lugar, por las manifestaciones públicas.
Las instituciones secundarias son las que forman parte del tren administrativo principal del gobierno, y que no provienen del mandato directo de las urnas. Fiscalía, Procuraduría, Contraloría, etc., cuyos funcionarios directivos resultan de ternas que se someten al voto del Congreso o de las cortes.
Esos funcionarios (procurador, fiscal, contralor, etc.) no tienen facultades para deshacer, por su cuenta, lo que se ha hecho por mandato de la voluntad popular. Las facultades disciplinarias del procurador se limitan a funcionarios de nombramiento administrativo. En ningún caso le confieren jurisdicción con los de elección popular. El señor procurador está en su derecho de opinar, en lo personal, que Gustavo Petro es un mal alcalde; su opinión, sin embargo, no prevalece sobre la de los setecientos mil y pico de ciudadanos que eligieron alcalde a Petro. El procurador ni siquiera es una institución, sino un simple funcionario, y la Procuraduría es una institución secundaria, no fundamental.
Al proceder a diestra y siniestra a destituir alcaldes congresistas, y otros funcionarios de elección popular, el procurador se ha arrogado facultades que no le corresponden, y es él quien está atentando contra la institución fundamental de la democracia: el mandato popular. Paradójicamente, quien ha salido a la defensa de esa institución fundamental es el alcalde Gustavo Petro. La rebelión del procurador contra las instituciones democráticas, y su deseo de cambiarlas por instituciones teocráticas, son insoslayables.
Las medidas cautelares con que la CIDH podría cobijar al alcalde Petro no son para defender a la persona de Gustavo Petro, son para proteger la voluntad popular. La democracia y los derechos humanos son conceptos inseparables. Los que no entiendan que sin el acatamiento de la voluntad popular no existe la democracia, no entenderán nada de nada.
Enrique Santos Molano

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