TALLER NACIONAL PROGRESISTA

El 14 de septiembre se llevará a cabo un taller nacional progresista con la idea de debatir la participación del progresismo en la propuesta de integración con el partido Verde y con el movimiento Compromiso Ciudadano, entre otros grupos y sectores.
En la página central de Progresista (http://www.progresistas.co/) encontrarán información complementaria.
El día anterior, jueves 13, se reunirán los jóvenes para analizar su situación dentro del progresismo, y para acercar posiciones sobre el que hacer en estas circunstancias.

PROGRESISTAS

Primer Movimiento Político
de construcción colectiva del siglo XXI

¿QUÉ ES SER PROGRESISTA?

ALGUNOS LO DEFINEN COMO UNA ACTITUD, Y TIENEN RAZÓN. OTROS LO ENTIENDEN COMO UNA CONCEPCIÓN DEL ESTADO, Y TAMBIÉN TIENEN RAZÓN. PERO LOS QUE PERTENECEMOS AL MOVIMIENTO NACIONAL PROGRESISTA SABEMOS QUE ES UNA PROPUESTA POLÍTICA ALTERNATIVA, CUYA DEFINICIÓN ESTÁ EN CONSTRUCCIÓN Y CUYA ORGANIZACIÓN ESTÁ EN PROCESO, Y QUE HA HECHO PRESENCIA EN LA POLÍTICA NACIONAL DESDE HACE MUCHO TIEMPO. (Julián Mejía B.)

Al final del blog encontrarán una propuesta, escrita por Julián Mejía Botero, que de paso recoge otras propuestas y aporta construcciones colectivas hechas en Caldas, y sobre la que podemos seguir buscando consensos. Los invitamos a que la lean y opinen al respecto.

VÍDEO PROGRESISTAS CALDAS

7 de diciembre de 2013

LA TEORÍA EN EL PROGRESISMO NO ES ALGO MAMERTO

CONSTRUIRCOMUNIDAD.COM

La filosofía es pintada como el demonio terrorista incomprensible para el colombiano de a pie. Las ciencias sociales son consideradas como la carreta bonita que echan unos mamertos tira-piedras, y las humanidades: la música, la literatura y el arte, son los conocimientos incomprendidos de un mundo que gira en torno a la maximización del dinero: “eso no da plata, papito”.

De golpe, hemos olvidado qué es la política, y hemos denigrado su significado. Hablamos de política y pensamos en corruptela. Hemos dejado de lado las ideas de la política como arte, y ahora hemos reducido su imagen a una idea de maximización del beneficio por medio de políticos que satisfagan mi interés particular. Tengan en cuenta mi reiterado uso de la palabra maximización. La ideología, expresión mística del pensamiento político, ya no es nada. O por lo menos eso se quiere. Ahora todo funciona en términos de maximización de votos: Coaliciones que permitan al movimiento ingresar al Congreso. La relación clientelista y cacical no solo se da en las regiones; ahora se da desde arriba. La ideología no importa cuando no hay votos suficientes, dicen.
Mi crítica es a esa concepción. El movimiento Progresistas, del cual he sido simpatizante informal, no debe caer en el juego desideologizado. No pretendo que no se hagan alianzas, sino que debe reconocerse la raíz del pensamiento progresista: sólo así no se podrá aplicar tal apelativo a cuanta cosa se pretenda, ya que de por sí el término “progresismo” poco dice. La política es coyuntura (hechos) y estructura (procesos). Es real (material) y es simbólica (ideacional). Reconocer la historia del pensamiento progresista (o por lo menos mi interpretación de tal pensamiento) resulta fundamental. 
Podría yo remitirme a cualquier tiempo, y prefiero partir del presente. El Progresismo se encuadra en un estilo de pensamiento político colombiano y latinoamericano, de izquierda. Podría reconocerse en éste una vena fuertemente socialdemócrata. Así mismo, una fundamentación liberal que tiene fe en la idea de Progreso. Además en ella se prioriza la cuestión cultural sobre la cuestión material (detalle de fina coquetería que le otorga su gran diferenciación con respecto a otros movimientos y partidos).
Surge el movimiento tras la pesadilla en la que se había tornado el sueño de una izquierda unida (Polo Democrático) cuyo fin se dio al consentir la corrupción en Bogotá y centrar su debate en una cuestión meramente económica de consolidación de una “burguesía nacional” y anti-neoliberal, cómo diría Robledo y su sombra sin rostro: Aurelio.
De sectores sociales alternativos, sindicatos no moirianos, minorías étnicas y sexuales, y herederos de la guerrilla M-19, en cuyos actos se evidencia el clamor social a una política democrática pero no aristocrática; surge el movimiento progresistas. Que surja este movimiento así implica que éste no sucede porque sí. 
En un país donde la competencia partidista (interna y externa) se confundía a su vez con una violencia en contra de ‘los bandoleros’ y luego los ‘guerrilleros comunistas’, no sucede por casualidad el respiro de una izquierda con respaldo social.
El primer movimiento que ha de hacer el progresismo es el reconocimiento de una base popular campesina, indígena y afro, en cuyos hombros ha recaído generalmente el plomo de un país desangrado. El pensamiento progresista reivindica la base social y cultural. 
De repente llegamos al Marxismo. Nos aterra ser denominados mamertos y capuchos por proclamarnos como marxistas. Esto sucede porque se ha demonizado a este prohombre. No se puede concebir al movimiento de forma filosófica e ideológica si se niega la herencia marxista. En efecto, la lectura progresista que se hace de Marx es flexible, no es ortodoxa. Hallamos en Marx el elemento clave de enajenación (de que hay algo oculto), mas allá de lo material (económico). 
Ese salto del Marxismo ortodoxo a uno mas flexible se confunde con un salto al liberalismo. La economía política de Adam Smith y Ricardo sienta las bases para el capitalismo de propiedad privada. Es ésta la que crea al sujeto histórico individual (es decir al individuo libre). El liberalismo cree en una idea de libertad importante pero cuestionable: libertad de elegir ‘x o y’ candidato es igual libertad de compraventa. El liberalismo funda al capitalismo (y viceversa) pero al progresismo colombiano le aterra proclamarse en contra de ello porque no quiere ser tildado de ‘terrorista de la Far’ por los partidarios de Mein Führiber. También es porque reconocemos un elemento clave del liberalismo, retomado de los griegos antiguos: La democracia.
La democracia filosóficamente tiene raíz en la Polis ateniense y tras la revolución francesa adquiere fuerza. Sin embargo existe un gran problema: ¿la democracia es buena porque sí? Creo que es complicado responderlo y cuestiono el uso de “la democracia” que se ha dado en muchos sucesos de la historia. Sin embargo el progresismo cree en la idea de una razón capaz de consenso, en términos de Habermas. El Capitalismo democrático entonces se presenta como el mas bello camino y alternativa para muchos. Yo no convoco a no seguir tal camino, pero si a cuestionarlo de forma crítica. La tradición crítica del pensamiento es intrínseca en las venas de la izquierda latinoamericana.  Debe criticarse el capitalismo individualista, inhumano y que pretende arrollar árboles y montañas con retroexcavadoras en aras del ‘Progreso’ (De ahí mi poca simpatía con esta palabra). El Capitalismo democrático remunera a los nuevos esclavos (llamados ahora como Capital humano) de forma tal que sean felices por medio del consumo, en un mundo tan horrible en el que se pretende establecer la ecuación dinero=felicidad. Esta tradición crítica a la que apelo halla su seno en la Escuela de Frankfurt, de origen marxista, pero cuya crítica va aún más allá.
El gran problema del Polo es pensar en el mundo como algo meramente económico. Los progresistas reconocen (o deberían reconocer), tal como la Escuela de Frankfurt, que existe enajenación e injusticia oculta mas allá. Medios de comunicación que ocultan información. Racismo, homofobia, patriarcado y clasismo que expresan el dolor, el odio y el miedo de un país de intolerancia. Ya no se hace una crítica al capitalismo; se hace una crítica a la civilización. 
El movimiento estudiantil de los setentas y ochentas en Colombia no sucede en el viento: sucede en un mundo que grita por emanciparse para no ser gobernados de tal manera, diría el famoso Foucault. Un movimiento estudiantil que origina a varios de los grandes íconos del hoy llamado progresismo.  En Francia, en mayo de 1968 las calles sentían la desilusión de un mundo racionalizado preocupado por la maximización del capital: un mundo pragmático donde ya no importan los hombres, importan las cifras de reducción de tasas de homicidios: cifras de economistas. La Postmodernidad como reacción total a ese mundo “moderno” que fue capaz de ver Auschwitz, Hiroshima y Nagasaki. En nuestro caso, una Colombia “moderna” fue capaz de cortes franela, cortes corbata, minas quiebrapatas, masacres, y desde luego, la fiesta de la sangre en El Salado como paradigma de la muerte racionalizada.  Ese clamor postmoderno es asumido también por el progresismo.
La América Latina (con énfasis en ‘La’ como artículo que evoca a una madre tierra) tras un siglo XX de muerte, colonialismo e ínfulas de modernización a la ‘europea’  despierta poco a poco de un letargo abominable. Las guerrillas latinoamericanas no fueron sólo bandidos forajidos, no fueron piratas del monte. En ellos se expresaba la injusticia del hambre. El marxismo latinoamericano y la postmodernidad se han comenzado a fundir en una Teoría Poscolonial, capaz de concebir el mundo desde la América y no desde esa admiración estilo ‘síndrome de Estocolmo’ sostenida hacia Europa y Estados Unidos. El progresismo no se puede desligar de la Teoría Poscolonial porque en ella halla su expresión filosófica mas evidente.
Llamo la atención sobre la idea del progreso, porque es una idea peligrosa si no se piensa de forma crítica. En nombre del progreso se invaden países. Los estandartes medievales cristianos llevaban la Cruz al medio oriente; los estandartes gringos llevan en sí el símbolo del dólar y la consigna de ‘libertad, democracia y progreso’ a las calles de Damasco, El Cairo y Bogotá, entre muchas otras.
Colombia ahora ve en el progresismo a una alternativa respetable, y muchos desean que se consolide bajo una práctica política renovadora y una fuerte base teórica. Llamo a que se haga una reflexión concienzuda en las esferas del movimiento, y más si es ad portas de una unificación con el partido verde. La reflexión teórica no es cosa de ideólogos de las Farc, ni de tirapiedras, ni de mamertos. Es de gente que quiere hacer y pensar políticamente. El discurso de daticos, fechitas y cifras que mantienen los economistas no es suficiente; Debe reflexionarse al país de forma histórica y filosófica. Si los uribistas y los del polo tienen (irrisoriamente) un centro de pensamiento, ¿por qué el progresismo que si debería tenerlo, no lo tiene?
Rafael David Nieto Bello
@enkel_rada

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Reconocemos y respetamos la diferencia.
Esperamos que Usted haga lo mismo.

POR LA COLOMBIA QUE SOÑAMOS: PROGRESISMO, Nueva Fuerza Política. - MOVIMIENTO NACIONAL PROGRESISTAS / PROGRESISTAS CALDAS ___ fuerza política en construcción. "Ser PROGRESISTA es respetar, como nos gusta que nos respeten"; "Ser PROGRESISTA es creer en los otros, como nos gusta que nos crean"; POR LA COLOMBIA QUE SOÑAMOS: Nueva Fuerza Política MOVIMIENTO NACIONAL PROGRESISTAS / PROGRESISTAS CALDAS: fuerza política en construcción. "Ser PROGRESISTA es hacer primar el interés general sobre el interés particular o de grupo" "Ser PROGRESISTA es SER pacifista, no violento" "Ser PROGRESISTA es rechazar la violencia como instrumento para hacer política" MOVIMIENTO NACIONAL PROGRESISTAS / PROGRESISTAS CALDAS: POR LA COLOMBIA QUE SOÑAMOS Y NOS MERECEMOS. "Ser PROGRESISTA es SER DEMÓCRATA Y ESO NOS COMPROMETE CON LA PARTICIPACIÓN, LA TRANSPARENCIA Y LA HONESTIDAD."