Corría el mes de octubre del 2011, cuando en el Salón Rojo del Hotel Tequendama escuche pronunciar las palabras que me obligaron a comprometerme con lo que para muchos tan solo era la posibilidad de un paraguas amplio que les garantizaría estar con salarios onerosos por cuatro años, aumentar desmedidamente su “círculo de amigos” y para otros mantenerse, tras unas jugadas camaleónicas, en lo que se denomina la administración distrital; pero para mí y para un centenar de ciudadanos y ciudadanas convencidos, era la ruta que delimitaba nuestro recorrido, descubrimos que nuestro norte es el sur.
Las palabras las pronunció el hoy Alcalde Mayor de Bogotá, doctor Gustavo Petro en el cierre de su campaña y posteriormente las ahondó cuándo salió airoso de la contienda electoral. En ambas ocasiones evidenció que nacía un nuevo movimiento  que miraba de frente el futuro, manifestó que era el momento de las nuevas ciudadanías y además dejo muy claro que la política contemporánea era de construcción colectiva.

Al momento de armar su equipo de trabajo, todos y todas manifestaron abiertamente estas mismas primicias, que eran las fundantes de la nueva administración y por supuesto del movimiento ciudadano que tenía la responsabilidad de respaldar las acciones del actual mandatario de la capital. Pero con el paso de los días se fue evidenciando que esto para muchos no era más que un enigma, pues sus comportamientos históricos y sus formas de entender la política, no les permitían dar el paso hacia la construcción de nuevos imaginarios, al contrario quedándose anquilosados en las formas y costumbres más retrogradas y retardatarias.
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Los medios han cumplido con el papel histórico de mantener en el borde del precipicio estas nuevas formas de hacer, pensar y sentir la política; y con el auspicio de algunos sectores, representantes de la derecha más recalcitrante de Bogotá, han logrado que la ciudadanía tenga en su pensamiento que este gobierno de la Bogotá Humana ha incumplido esta tarea que quizá era la más importante: transformar las formas de hacer política. Con lo anterior no estoy diciendo que el Alcalde Gustavo Petro no ha cumplido con lo propuesto en su campaña y en su programa de gobierno, pero evidentemente pocos, muy pocos de su gabinete y gobierno fueron los que se atrevieron a cumplirle a él y a la ciudad.
Con el nombramiento de altos cargos en la administración y posteriormente de alcaldes locales, todos y todas teníamos las esperanzas de ver desarrollar un programa de gobierno que acompañamos en las urnas, que defendimos en las calles y con el cual estamos aún comprometidos. Pero en la medida que veíamos las formas de actuar de muchos de los designados por el Alcalde Petro para estar en estos cargos, las esperanzas se venían al piso y el desánimo permeaba los espíritus Progresistas.
Igual pasa en las toldas del movimiento ciudadano que debería estar defendiendo la política de la Bogotá Humana, algunos defensores del proyecto se han perdido en la mezquindad burocrática y no han dejado que las ideas y las transformaciones sean el bastión progresista y por el contrario se empecinaron en convertirse en maquinarias que buscan réditos en las futuras elecciones.
Pero contrario a la Ley de Murphy, si algo está saliendo mal es seguro que puede mejorar. Y si estamos convencidos que puede mejorar es precisamente porque a la cabeza de la administración distrital está nuestro Alcalde Gustavo Petro, hombre honesto, digno, decente y ético; y junto a él se encuentran personas como Susana Muhamad, actual Secretaria General, María Fernanda Rojas Directora del IDU, Ricardo Bonilla Secretario de Hacienda, y muchos funcionarios que desde su quehacer diario dan la pelea por el cumplimiento de las metas propuestas en esta Bogotá Humana y Progresista.
Pero llego la hora de hacer cambios drásticos, el rumbo de la administración lo define nuestro Alcalde Gustavo Petro, pero en su gabinete llego la hora de asumir responsabilidades, algunos secretarios, directores, gerentes, alcalde locales y funcionarios están implementando su propia política pública. No olvidemos que la ciudadanía en Bogotá votó fue por Petro y por su programa Bogotá Humana. Por eso reiteramos que ¡Vamos Con Petro!