Proponerse a recorrer la ciudad va más allá de mirar los museos, las iglesias, los centros culturales o los edificios de patrimonio cultural. Bogotá está cautiva de historias que han narrado colectivamente el recorrido histórico de una ciudad, que por muchos años estuvo bajo poderes políticos corruptos y que hoy cuenta con una nueva voz que lanza gritos para darle un nuevo rumbo desde las trincheras de la honestidad y la ética.
La ciudad cuenta con un sistema de transporte, que por la negligencia o ineptitud, está al borde del colapso; desde hace más de cincuenta años bajo la dictadura de Rojas Pinilla se debió tomar la decisión de la construcción del metro para la capital, pero esto se ha venido dilatando por la falta de visión de unos, por la inoperancia de otros, por el apetito económico de la mayoría y por la actitud arrogante de uno que pensó que la solución a todo era un bus articulado, que hoy en día se parece más a una lata de sardinas que a un sistema de transporte; reconociendo que el sistema metro a nivel mundial no es un servicio cómodo, pero si ágil, y acá gracias a la improvisación de ese señor no es ni lo uno ni lo otro.

El sistema de educación gracias a un esfuerzo y apuesta política de un señor, Abel Rodríguez, y un sector de educadores, Bogotá cuenta con la gratuidad desde cero hasta once grado. Es evidente que aún debe trabajar por la calidad, pero es un sector de la ciudad que se podría decir goza de buena salud; claro a pesar de que el mismo señor, el del cuento del articulado, quería entregar todo el sistema a colegios por concesión, en la mayoría de los casos a entidades educativas sin estructura administrativa, ni espacios adecuados para garantizar este derecho. Claro, debe entenderse que para este señor, la educación es un servicio donde cada quién está en la libertad de escoger la calidad según sus recursos.
En lo que respecta a la cultura no se puede desconocer el trabajo que se llevó a cabo bajo la administración del garrote y la zanahoria; la consolidación de acciones culturales que propendían por el bienestar de la sociedad, se le dio papel importante a la Cultura Ciudadana y por esto se construyeron lazos comunicantes entre los ciudadanos. Gracias a este proceso y claro, al trabajo de personas como Hernando Cabarcas, Bogotá fue Capital Mundial del Libro en el 2007; pero en definitiva las administraciones que continuaron al frente de Bogotá no han hecho mayor cosa por la cultura de la ciudad, es evidente que desde la administración del señor de la social bacaneria han estado personas que no son las más idóneas al frente de este tema, especialmente al frente del apoyo de la manifestación artística y en estos momentos la Bogotá Humana pierde el año en el apoyo a la creación artística, pues la gestión de Idartes no tiene nada que mostrar. De la cabeza de Idartes no ha salido el primer gran escenario para los artistas bogotanos. Pero ese será tema de otro día.
En lo que respecta a la transformación social, esa bandera histórica de la izquierda, para ser honestos la Bogotá Sin Indiferencia le apostó a unas transformaciones sociales de gran impacto, que desgraciadamente bajo la Positiva se perdieron en el carrusel y que ahora la Humana pretende poner como bastión de honor; pues llego la hora que los pobres, para que los eternamente pobres tengan un trato digno y dejen de ser tratados como ciudadanos de quinta categoría; tal es el caso de la vivienda donde por el bien de la ciudad y de la ciudadanía no se debe permitir ese crecimiento desmedido y desaforado en los extramuros de la ciudad.
Y para terminar, ahora el tema del manejo de residuos que está tan de moda, gracias al tratamiento que le han dado los medios de comunicación. Primero que era una apuesta catastrófica implementar una empresa pública de aseo, cuando el señor Castro, el mismo que se encargo del tema del Palacio de Justicia en el gobierno de Betancourt y fue participe de la cortina de humo que tendió el Ejército, ya había decidido que lo mejor para la ciudad era entregarle el gran negocio de la basura a unas empresas privadas, cuyos dueños tenían vínculos cuestionados. Luego que los carros eran chatarras y que todo el negocio era una mafia agenciada desde la administración distrital, ante ambos argumentos falaces han tenido que retractarse o guardar silencio sospechoso. Tercero que la ciudad era un caos y que la culpa era de Petro. La ciudad en el tema de basuras ha ido mejorando, se ve más limpia de lo que jamás se ha visto y bueno lo de que la culpa la tiene Petro, pues no van a decir otra cosa ya que no se permiten ver los avances sociales de la ciudad, todo lo que atente contra el poder de los grandes emporios será mirado con desconfianza y lo señalaran de improvisador.
Por eso cada cosa de la que pasa en esta ciudad es un elemento narrativo para un cuento, como aquellos donde el suspenso nos conduce al paroxismo. Y bueno, no se puede dejar de lado la intención de un grupo de extrema derecha, que unido con eso que se hace llamar izquierda o se hizo llamar izquierda, quieren hacerle perder al pueblo tiempo y plata en una revocatoria que Petro ganará sobradamente.
De todo lo anterior es evidente que Bogotá tiene un cuento en cada esquina.