Las sociedades contemporáneas no pueden asentir que las anquilosadas estructuras partidistas sigan manipulando el escenario político nacional; los liderazgos políticos actuales no pueden permitirse ser rehenes de unos partidos que pierden, en la mayoría de las ocasiones, el norte político por estar tras la búsqueda de una repartición burocrática nefasta y nauseabunda.
Al pensarse una organización política, las nuevas ciudadanías deben tener claro que el mejor escenario es donde prevalezca el individuo por encima de unos intereses disfrazados de fraternidad y solidaridad, que en el mejor de los casos no son más que una intención soterrada de empoderamiento de unos gamonales.
En la actualidad los prospectos de organizaciones políticas giran en torno a actitudes gremiales que llevan al individuo al oscurantismo mental y al ostracismo de la producción natural de ideas de libertad. Cuando Gustavo Petro obtuvo el triunfo electoral para convertirse en el Alcalde de la ciudad capital su proclamación de lo que consideraba era el nuevo movimiento político del siglo XXI, permitió que centenares de jóvenes, población Lgbti y mujeres que históricamente se vieron segregados se interesaran por lo que para el actual alcalde era la red de nuevas ciudadanías, una fuerza política de construcción colectiva.

Hoy finalizando el año y entendiendo día tras día que los ataques desmedidos de la mayoría de los medios de comunicación son la respuesta de los emporios del poder, todos y todas los que asumimos las palabras del hoy alcalde de Bogotá, seguimos convencidos que lo único que permitirá una real transformación social y erradicar totalmente la segregación en nuestro país es una búsqueda de un respeto a las libertades individuales.
Es claro que las libertades individuales no las alcanzaremos instaurando estructuras verticales de poder, ni empoderando liderazgos falsos y mucho menos construyendo en el vacío conceptual de una falaz unidad ideológica, por el contrario se construirán desde las perspectivas de la diversidad, de la amplitud de pensamiento y acción, basándose en un respeto por la diferencia pero exigiendo honestidad ante unas normas mínimas éticas.
Hoy Colombia cuenta con varios intentos de movimiento políticos, pero todos ellos apuntan a la construcción bajo los viejos modelos, unas propuestas que logran, tal vez con toda la intención, que centenares de personas interesadas en la política, pero desde la perspectiva de construir comunidad se abstengan de participar y se conviertan en zombis sin derechos.