El escudero del ex comisionado de Paz

José Obdulio regresó a lo que más le gusta: provocar con sus ideas. Polemizar. Navegar contra la corriente. Y esa es la última misión que ha asumido: la defensa del ex comisionado de paz Luis Carlos Restrepo desde su trinchera, la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia, creada en mayo de 2007 para difundir la doctrina Uribista.
Fue a través del portal web de Primero Colombia donde se conoció el comunicado del Comisionado de paz el pasado 14 de Febrero, en el que se fue lanza en ristre contra Juan Manuel Santos y, desde la clandestinidad, se declaró un rebelde político . Una posición que comparte el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria y que ha asumido en distintos momentos de su vida. Cuando las circunstancias lo han obligado a hacerlo, ha conspirado.
Lo ha hecho desde cuando era joven.  Su vida política comenzó como la de un rebelde. Proveniente de una familia paisa de clase media con doce hijos, se matriculó en 1968 en la facultad de derecho de la Pontificia Universidad Bolivariana, después de haber pasado por el  Seminario de la Ceja (Antioquia), donde compartió clausura con Carlos Pizarro Lengómez, uno de los fundadores de la guerrilla del M-19.
Se hizo muy amigo de Eduardo Pizarro Leongómez, a quien apoyó Uribe para que dirigiera la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación durante su el gobierno.
En su juventud José Obdulio fue muy cercano a la familia Pizarro Leongómez. Logró que el entonces presidente Uribe nombrara a Eduardo en la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.
Los aires libertarios de la revolución estudiantil de Mayo 68 en París contagiaron  las universidades públicas y privadas del país, y ni el joven José Obdulio ni la clerical Bolivariana escaparon al espíritu rebelde del momento. Al matricularse formó parte de un comité permanente de trabajo en el que se reunían jóvenes comprometidos con la lucha por la justicia social, al igual que en el movimiento de Equipos Universitarios.
El comité actuaba coordinado con los grupos estudiantiles más radicales de la Universidad de Antioquia, donde las manifestaciones diarias buscaban el retiro del rector Ignacio Gómez Escobar. Como coordinador del Comité, junto con  Carlos Gómez y otros estudiantes, impulsó la única huelga que ha habido en la Universidad Bolivariana, en un momento en el que la mano dura del presidente Carlos Lleras Restrepo se hacía sentir en las aulas de clase.
Encabezaron entonces una marcha por el centro de Medellín, con  una gran pancarta que decía “Se emberracó la UPB” y que concluyó con la quema de una bandera de Estados Unidos frente a la sede del consulado estadounidense en la céntrica Avenida La Playa. José Obdulio, a sus 18 años, era un muchacho de mano cerrada y puño levantado, de suéter y tenis, con mochila arahuaca terciada en la que guardaba libros de Marx, Hegel y Rousseau, mientras arengaba a todo pulmón contra el establecimiento y las elecciones.
La radicalización de Gaviria apenas comenzaba. Compañeros de la época, como Darío Acevedo, afirman que era el más radical entre los radicales. Su compromiso con los cambios sociales lo llevó a acercarse a uno de los grupos de izquierda nacientes: el Partido Comunista-Marxista Leninista línea Maoísta (PCML), donde militó entre 1970 y 1974. El brazo armado de ese partido era el Ejército Popular de Liberación (EPL), más conocido como EPL, comandado por Pedro Vásquez Rendón. Como simpatizante del EPL, Gaviria realizó un trabajo político de proselitismo que trascendió la universidad y lo llevó a recorrer Urabá, Córdoba, Antioquía y Caquetá. Allí asesoró campesinos en el plano jurídico a través de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc), que a mediados de los años 70 gobernaban la dinámica de la vida rural colombiana, con la lucha por la tierra como principal bandera.
Cuarenta años después está en las antípodas de esa posición y junto al propio ex presidente Uribe y  Fernando Londoño Hoyos es uno de los más férreos críticos de la política de restitución de tierras del gobierno Santos, que tiene muchos elementos en común con las luchas de la Anuc y cuyos líderes sobrevivientes de las luchas agrarias de los años setenta han apoyado en las concentraciones campesinas de Barranquilla y Necoclí.
Hace 40 años, José Obdulio impulsó las luchas agrarias y toma de tierras. Hoy se opone radicalmente a la política de restitución de tierras del presidente Santos.
Compañeros de juventud de José Obdulio realizaron movilizaciones mucho más radicales en apoyo a las luchas agrarias. Ellos lo recuerdan participando en tomas como la de los terrenos de la Caja Nacional Agraria en el corregimiento de Currulao, en Chigorodó, en el Urabá Antioqueño, o la de la hacienda La Troya, en Salgar (Antioquia), para exigir el pago de los salarios atrasados. Esas eran las reivindicaciones que José Obdulio asesoraba desde el ámbito del derecho.
En Marmato, José Obdulio entró en crisis con la militancia de izquierda. Cuestionó con dureza el trabajo y la manera de relacionarse con las comunidades y las posturas que no iban para ninguna parte. Apegado a sus convicciones no hizo concesiones, como nunca lo ha hecho, y se apartó del grupo. De nuevo, sus contemporáneos recuerdan cierto fundamentalismo y elocuencia para argumentar. Fue contundente. Rompió con la militancia en la izquierda radical, pero no con sus ideas de reformador social, que continuó en un nuevo escenario.
 
Antiguos dirigentes de la Anuc como Alejo Suárez están detrás de las marchas de Barranquilla y Necoclí para apoyar la política agraria de Santos.
Sus críticas al EPL y al Partido Comunista las canalizó través del movimiento político Ruptura, al que se vinculó en 1975 al apoyar procesos judiciales en defensa de presos políticos. Formó parte del Comité de la Defensa de los Derechos de Presos Políticos, y por esa vía se contactó con activistas de izquierda de todo el país.
A mediados de 1976 cambió de  rumbo. Llegó al Valle del Cauca, donde se unió a una nueva  causa: Lucha Obrera, un movimiento que tuvo protagonismo en la huelga de Riopaila, paradigmática para el movimiento sindical colombiano. Se radicó en Cali y allí trabajó en un proyecto de investigación financiado por la Fundación Ford y dirigido por el abogado César Jaime Gómez que evaluaba el cumplimiento de la Ley laboral en el departamento. Fueron meses largos de trabajo intenso en investigación social en el Valle del Cauca, junto a Carlos Alfredo Cabal, Fernando Urrea y José María Rojas, a quien José Obdulio recordaba hasta hace unos años con mucho agrado.
Tal vez ya no tenga recuerdos gratos de las personas que lo acompañaron en esa época, como tampoco de su paso por Firmes, otro movimiento de izquierda democrática que surgió alrededor de la revista Alternativa, fundada por  Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón, que tuvo como candidato en las elecciones presidenciales de 1982 al profesor Gerardo Molina.
En su juventud, José Obdulio apoyó el movimiento Firmes que nación alrededor de la revista Alternativa dirigida por Enrique Santos Calderón.
José Obdulio cerró con Firmes ese capítulo de su vida, del que le quedaron amigos como Jaime Jaramillo Panesso, Darío Vélez, Benjamín de los Ríos, Saúl Franco, Hernando Corral, a quienes vincularía al proyecto político de Álvaro Uribe Vélez, algunos desde sus inicios en el Instituto de Estudios  Liberales de Antioquia.
De ahí en adelante, y durante los siguientes 25 años, su actividad política y su reflexión ideológica ha estado siempre en función de un líder a quien admira sin reparos: el ex presidente Uribe. La lucha contra el terrorismo, con el filósofo español Fernando Savater como su inspiración principal, se convirtió en el eje de su pensamiento.
Jaime Jaramillo Panesso y Jorge Gaviria han promotores de las ideas del uribismo en Antioquia. Aquí junto a Francisco Galán quienes trabajaron juntos en las por la paz en las comunas de Medellín. 
José Obdulio ha cambiado sus ideas, pero no su actitud frente a ellas ni la intensidad para defenderlas. Sus columnas en El Tiempo son polémicas, y sus conferencias, provocadoras. La palabra es su principal espada, y su obsesión defender, con furia y vehemencia, el pasado y el futuro del proyecto político que encarna un hombre quien para él representa el ideal del conductor y la inteligencia superior: Álvaro Uribe Vélez. Su twitter es el arma que tiene para enfrentar la coyuntura y casarse con causas como la que acaba de emprender en defensa del ex alto comisionado de paz, a quien llama ‘el justo’ y de quien afirmó: “Hizo bien al clandestinizarse”.  A la manera de José Obdulio Gaviria.